Steve Lacy reveló cómo sonaría ‘Oh Yeah?’: solo había que esperar un año
En conversaciones extendidas entre Los Ángeles y París, el músico californiano detalló cómo el amor nuevo, las dudas creativas y una reescritura incansable moldearon un álbum que seguía buscando su forma final.
Cuando Steve Lacy empezó a hablar del que sería su tercer álbum de estudio, ya tenía claro que el proceso no iba a ser lineal. A lo largo de varios meses de charlas en Los Ángeles y París, el artista compartió con detalle cómo el nuevo amor, las inseguridades creativas y una obsesiva reescritura terminaron definiendo Oh Yeah?, un disco que tardó casi un año más de lo previsto en ver la luz.
El punto de partida fue un momento personal intenso. Lacy describió cómo una relación reciente había abierto una puerta emocional que antes mantenía cerrada en su música. Esa vulnerabilidad se tradujo en letras más directas y en melodías que buscaban capturar la euforia y la incertidumbre de enamorarse otra vez. Pero lejos de ser un proceso fluido, cada canción pasó por decenas de versiones.
“Seguía volviendo a las mismas ideas, pero nunca terminaban de cerrarse”, contó en una de esas conversaciones. El músico explicaba que la duda creativa lo acompañó durante gran parte del camino: cuestionaba si estaba siendo demasiado honesto, si las producciones eran coherentes entre sí o si el álbum tenía una identidad clara. Esa inquietud lo llevó a regrabar, remezclar y reescribir secciones enteras, a veces descartando tomas que a simple vista parecían definitivas.
El salto geográfico también jugó su rol. Parte del proceso ocurrió en Los Ángeles, donde Lacy suele trabajar con su equipo cercano y donde la escena del R&B experimental sigue siendo su principal referencia. Pero fueron las semanas en París las que, según él, le permitieron tomar distancia y ver el material con otros ojos. Allí, aislado de las rutinas habituales, redefinió el orden de los temas y decidió qué emociones merecían quedarse en el corte final.
El resultado es un álbum que mezcla el groove característico de Lacy con arreglos más orgánicos y momentos de introspección. Las canciones navegan entre el funk ligero, el soul contemporáneo y toques de psicodelia sutil, siempre con esa voz suave y ligeramente distorsionada que se convirtió en su sello. Aunque el músico evitó dar fechas exactas de lanzamiento durante esas charlas, quedó claro que el proyecto requería tiempo extra para madurar.
Uno de los aspectos más interesantes que Lacy destacó fue la relación entre la escritura y la producción. En lugar de componer primero y producir después, las dos etapas se superponían constantemente. Una línea de bajo podía cambiar el sentido de una letra, o un sample inesperado terminaba definiendo la atmósfera completa de un track. Esa metodología orgánica explica por qué el álbum tardó en definirse: cada elemento influía en los demás de manera impredecible.
Para los fans que seguían sus actualizaciones en redes y entrevistas sueltas, el anuncio de Oh Yeah? no fue una sorpresa total. Muchos ya habían percibido que algo estaba cocinándose a fuego lento. Lo que sí sorprendió fue la profundidad con la que Lacy estaba dispuesto a hablar del proceso antes de que el disco estuviera listo. En un rubro donde los artistas suelen guardar silencio hasta el último momento, él eligió compartir las dudas, los tropiezos y las pequeñas victorias creativas.
Ese enfoque transparente terminó siendo coherente con la temática del álbum. Oh Yeah? no es un disco de declaraciones grandilocuentes sobre el amor, sino más bien una serie de preguntas y afirmaciones tentativas. Las canciones suenan como conversaciones internas, como si Lacy estuviera todavía procesando lo que sentía mientras las escribía. Esa honestidad en proceso es, tal vez, lo que más conecta con quien lo escucha.
Con este trabajo, Steve Lacy consolida su lugar como uno de los nombres más interesantes de la nueva generación del soul y el R&B alternativo. No busca reinventar el género, pero sí lo estira con sutileza, incorporando influencias del rock psicodélico, del bedroom pop y de la producción lo-fi sin perder el groove que lo hizo popular desde sus primeros EPs.
El año de espera que mencionaba al principio terminó siendo necesario. Lo que empezó como un puñado de ideas dispersas terminó convertido en un álbum cohesionado, donde cada decisión creativa parece responder a las dudas que el propio artista se planteaba en voz alta durante aquellas charlas en California y Francia.
Para quienes seguimos su carrera desde los días de The Internet, escuchar cómo evoluciona su proceso creativo es casi tan interesante como el resultado final. Oh Yeah? no solo representa un nuevo capítulo musical, sino también la confirmación de que Lacy está dispuesto a tomarse el tiempo que haga falta para que sus canciones digan exactamente lo que él quiere decir.